¿A que ha visto más de una web que sigue el esquema “Quiénes somos”, “qué hacemos” y “dónde estamos”? Es una estructura bastante común, fácil de concebir y de implementar. Parece una buena idea, ¿verdad?
Pues no, no lo es. Este tipo de web está hablando de la propia empresa (yo, yo, yo). Y lo que quiere el visitante (un posible cliente) es que le hablen de él, de cómo le van a resolver los problemas que tiene, cómo será más feliz, o cómo ganará más dinero. Le importa un pimiento quién sea la empresa, dónde esté, qué haga o qué filosofía tenga (¿y a mí qué me importa?).
Por supuesto que hay que decirlo: la información sobre la empresa debe estar, porque antes de contactar el cliente puede querer ver quiénes son, y qué recursos tienen. Hay que decir dónde está y cómo contactar, porque puede hacer una visita, mandar una nota o llamar.
Pero esta información es la última que hay que presentar, y sólo si el cliente la quiere ver. Lo que hay que decir, y muy claramente, es qué tiene que ofrecer la empresa, que sea distinto de las demás. Por qué razón el posible cliente debería dedicar unos minutos más a explorar la oferta. Hay que hacerle una promesa, y explicarla en el resto de la web (y luego mantenerla si termina comprando). Y hay que hacerla muy claramente, para que el visitante la entienda en 5-10 segundos, o se largará a otra web que sea más prometedora.
Nada que ver con el “quiénes somos, qué hacemos y dónde estamos”.